quarta-feira, 24 de agosto de 2011

Proteínas diferencian las vesículas que llevan la transmisión de una neurona a otra

Cuando olemos algo rutinario o extraño, movemos el brazo para decir adiós y sentimos un insecto en nuestro cabello, algo en común está ocurriendo en el cerebro: neurotransmisión.

24 agosto 2011 - Para comunicarse, una neurona libera una señal hacia otra neurona, esta señal es un químico conocido como neurotransmisor que viene empaquetado en ampollas pequeñas llamadas vesículas. El cerebro, un intricado y magnífico centro de información e interrelación, utiliza varias formas para funcionar y hacer su trabajo: la química, la eléctrica y la física; entre las tres, se percatan de que todo el órgano esté apropiadamente comunicado. El envío es químico pero la forma como llegará es eléctrica y física, que tiene que ver con la estructura cerebral y sus ondas y patrones.

Ahora, unos investigadores en la Universidad de California en San Francisco (UCSF) han descubierto distintas ‘personalidades’ en estas vesículas que una vez parecían idénticas. De hecho, los científicos nos cuentan que hace mucho tiempo que se conocen estas vesículas y su vital función entre neuronas. Sin embargo, a pesar de que era evidente que existían dos niveles distintos de vesículas, ni un ojo bien entrenado bajo el microscopio era capaz de distinguirlas.

“Era como ver a un grupo de jugadores con el mismo color de uniforme, desde lejos, se pensaría que pertenecen al mismo equipo. Sin embargo, aunque luzcan idénticas, contienen diferentes proteínas”, explica Robert Edwards, uno de los autores del estudio. Así que estas ampollitas contienen proteínicas sorpresas.

Imaginemos entonces el trabajo de una neurona. Nos cuenta Edwards que estas células poseen extensiones realmente largas, a veces hasta de un metro o más, y estos fideos electrónicos andan repletos de actividad por toda la cabeza. No podemos olvidar que el cerebro está trabajando todo el tiempo, nos movemos, hablamos, cuando dormimos también soñamos y otras funciones están siendo asimiladas, como el aprendizaje, estamos todo el tiempo en actividad, pensando, preocupándonos, riéndonos, sintiendo, mirando, escuchando. Ciertamente, la neurotransmisión es un proceso que ocurre billones de veces en el cerebro.

“Tenemos unas diez mil millones de neuronas y algunas son tan activas que disparan información hasta cien veces por segundo. Ese proceso requiere los mecanismos que lo sostengan y las vesículas son una parte crucial de ello”, explica.

Ocurrencias cerebrales

Lo que ocurre es lo siguiente: las neuronas están al tanto de todos estos procesos ocurriendo en su cuerpo pues son las que producen toda la acción. La comunicación química de señales se da a través de estas ampollitas que las neuronas utilizan para empaquetar los neurotransmisores; esto permite que se envíen antes, así, cuando sea requerida, la vesícula estará ya lista para ser disparada y correr hacia la otra neurona. Pero existen dos niveles de estas herramientas, un nivel grande, que toma casi el 80% de las vesículas y otro bien pequeño.

Este último es el más activo y responde a la transmisión, estas vesículas son enviadas a otras neuronas y luego recicladas. Pero las del grupo más grandes no, estas vesículas se quedan tranquilitas en su sitio. Como no se sabía diferenciar entre ninguna de ellas, pues era difícil conocer más sobre sus funciones, especialmente en el grupo grande. ¿Estaba la distinción en la geografía o la locación?, ¿es la identidad de estas vesículas lo que determina su comportamiento y no el lugar donde estén?

Proteínas responsables

Pues, precisamente, se trata de las proteínas. Estas sustancias que han descubierto en ellas les da un sello diferente. La vesícula responderá a la actividad de acuerdo a la proteína que tenga. Los investigadores usaron el sistema de brillo en la oscuridad usado en peces que permite el estudio de la actividad en células o genes gracias al resplandor. Allí descubrieron una proteína llamada VAMP7 que se presenta en dosis alta en el grupo grande y no en el pequeño. Las vesículas reciclables contenían otro tipo de proteínas conocidas como sinápticas.

“Se trata de la función del cerebro en uno de sus niveles más básicos y ahora entendemos mejor cómo están conformadas estas vesículas que tienen una función tan importante en la comunicación entre las neuronas. Enfermedades neurodegenerativas, como el Parkinson, se benefician ampliamente de este tipo de conocimiento”, expresa. Fonte: Echos de Hoy.

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